LEE LA OPINIÓN DE MARCIO CORONEL: ENCUENTROS PRESIDENCIALES

Corría el año 1979, el país se encontraba en pleno proceso de redacción de la nueva Constitución Política. Acción Popular no participó de la Asamblea Constituyente, pero se preparaba para las elecciones del año 80 y las que finalmente ganó. Fernando Belaunde Terry se encontraba en campaña recorriendo el Perú. Paseábamos con mi madre un día soleado de ese año por el Callejón de Huaylas, ya de regreso de nuestro recorrido, decidimos realizar una parada para visitar el desaparecido Hotel la Chacra. Recorríamos el hotel, apreciando su decorado rustico y campestre, cuando nos percatamos que en una de las terrazas de uno de los búngalos, se encontraba Fernando Belaunde, sentado en una perezosa leyendo un periódico, con una taza de alguna bebida caliente que no pudimos distinguir. Nos acercamos y pudimos saludarlo personalmente, nos recibió el saludo de manera amable pero distante, hasta que apareció Violeta su esposa y dio por terminado el encuentro. Meses después, sería electo por segunda vez Presidente del Perú.

Las elecciones del año de 1985, eran de optimismo e ilusión, un joven político nos sedujo con la idea de un “Futuro para todos” (luego conocimos que no solo eso nos robó). Henchidos de emoción de jóvenes idealistas e ingenuos, asistimos al mitin de cierra de campaña del APRA que tenía como orador principal a Alan García Pérez. Luego de un sin fin de promesas, compromisos y ofrecimientos, cerró ese frenético mitin en la Plaza San Martin ovacionado por cientos de peruanos incautos. No contentos yo y mi hermano Sandro, con semejante despliegue histriónico y demagógico, decidimos seguir la camioneta que llevaba al líder aprista, que pugnaba por abrirse paso entre el gentío. Era imposible llegar a ella, pero en un giro inesperado de la misma, nos puso cara a cara con el hoy suicida expresidente. Lo miramos pasmados y gritamos su nombre, por un segundo nos dirigió la mirada, nos devolvió el saludo y el vehículo arrancó y volvió a partir raudo, perdiéndose entre la muchedumbre. Nos quedamos quietos, cansados, mientras otros, iguales a nosotros, corrían por ese encuentro que jamás olvidarían.

Aquel año de 1993 el Perú era otro. Luego de la desilusión y frustración del lustro de García, se vivían los tiempos del fin del terrorismo, un presidente de origen japonés nos gobernaba y como ocurre con los peruanos con cada nuevo gobierno, nos encontrábamos entusiasmados con su gestión. Fujimori estaba de paso por Huaraz y luego de concluir una visita por los pueblos de la región, realizó una parada en un recreo campestre cerca de Huaraz. Como parte de la organización de la Semana del Andinismo de aquel año, nos interesaba aprovechar la presencia de la prensa nacional que acompañaba a la comitiva presidencial, para promocionar nuestro evento turístico. Acercarse al entonces presidente era imposible. De pronto, Eleazar Villanueva se dirigió directamente hacia él, con su experiencia de periodista ducho, pudo escurrirse entre los cordones de seguridad. Estuvimos frente a frente con el “chino”, llamado así por sus seguidores. Nos presentamos y lo invitamos a acompañarnos en las actividades de la Semana del Andinismo, aprovechando la ocasión pedimos por la reconstrucción de la carretera Catac-Chavín que en ese entonces se encontraba destrozada. Tiempo después, Fujimori renunciaba vía fax y nunca reparó esa vía.

El año 2000 eran tiempos turbulentos, la dupla de Fujimori y Montesinos se rompía, era el preludió de la Marcha de los Cuatro Suyos y un candidato desconocido emergía en las encuestas. Nos encontrábamos en Trujillo, alojados en el Hotel El Gran Marques con motivo de un congreso nacional de turismo. Notamos un alboroto inusual en el hotel y salimos a ver que sucedía, cuando nos topamos con la comitiva oficial del candidato Alejandro Toledo, que llegaba a hospedarse en el mismo hotel.

Asombrados, nos saludamos primero con Carlos Ferrero a quien le manifestamos que veníamos de Huaraz en representación del empresariado turístico, de forma gentil nos llevó donde el “cholo sagrado” (según Eliane Karp) y pudimos conocerlo personalmente. Esa noche, en un mitin multitudinario en la ciudad de la primavera, marcaba su destino como próximo presidente del Perú. Hoy ya sabemos, está prófugo y en proceso de extradición. Esperamos pronto, verlo tras las rejas.

Hoy en día no asisto a mítines, no sigo caravanas, no saludo a los políticos. Hoy pienso mi voto antes de emitirlo. En las últimas elecciones voté viciado. La política es el arte de lo posible, en el Perú es la perversión de los inmorales.

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