PAÍS DE REACTIVOS, Y NO, PROACTIVOS

Cincuenta muertos en el accidente de Pasamayo, que nos dejó consternados a todos los peruanos. Recién tuvo que suceder este terrible accidente, para prohibir el tránsito pesado por esta vía, y usar la otra, el serpentín, en la parte superior. El presidente Kuczynski, así lo dispuso, para “evitar” más accidentes.

El costo fue muy grande. Cincuenta familias quedaron sin sus integrantes. En nuestro país, siempre reaccionamos después de los hechos y no aprendemos a prevenirlos. La respuesta del presidente lo pinta de cuerpo entero.

Siempre sucede ello; somos un país reactivo; ante una acción, una reacción y siempre lo hacemos tarde, solo para juzgar y “fusilar” a los responsables.

Este ejemplo, lo trasladamos también a nuestra realidad regional y provincial. Suceden los asaltos en la Punta Olímpica o Túnel de Cahuish o Punta Callán y recién hablamos de extremar medidas de seguridad en estas zonas, para enviar mayor despliegue policial.

O también, tiene que suceder una muerte, en alguna discoteca en el centro de Huaraz, conocida como “El Barranquito”  para hablar de la seguridad ciudadana en nuestro medio, demandando tanto a la Policía Nacional, como al sistema de Serenazgo, para ver qué viene sucediendo con la vida nocturna en la ciudad.   

Otro, tuvo que suceder un caso de violación en Pomabamba, que nos dejó perplejos, cuando Julio Salcedo Chavarría ultrajó a su propia criatura de dos meses, para evaluar la legislación penal sobre estos hechos y hacerla más drásticas. Olvidamos que tenemos tareas como sociedad, como familias.

Asimismo, tuvo que suceder un asesinato contra Franchute Ramírez Palacios en Nueva Florida el 13 de noviembre del  2017,  para exigir a las autoridades policiales, mayor resguardo y mejorar la política de patrullaje. Durante esa semana, todos nos comprometimos, autoridades e inclusive sectores del periodismo, pero pasada la tragedia, nos olvidamos. 

En otros temas también, tuvo que suceder un hecho no esclarecido hasta el momento, como la desaparición del andinista canadiense Jess Galganov, para exigir a las autoridades pertinentes, ordenar la actividad turística en nuestra zona y combatir la informalidad. Ejemplos sobran, para evaluar -que en verdad-, somos un pueblo reactivo, antes que proactivo. 

Se hace necesaria entonces, una cultura preventiva y proactividad, para no reaccionar cuando los hechos están consumados. Ello corresponde no solamente a las autoridades, también es nuestra responsabilidad, para no llorar sobre la leche derramada, echarnos la culpa y apuntar a los culpables, generalmente tarde, muy tarde.  

 

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