EL AGUA ÁCIDA QUE SE BEBE EN LA CORDILLERA BLANCA

¿Qué mensaje nos está dando la montaña? Pensaba y buscaba diferentes respuestas para entender su modo de ser y actuar. Vivir en una quebrada que para muchos es inimaginable y solo pueden verla en lo profundo de sus sueños, mientras que para para otros, es su realidad bendita, a la vez, inexplicable. Es fácil decir que es ‘bendita’ porque estar rodeado de montañas blancas, ríos, campos verdes, caballos, ovejas y vacas, es la imagen agraciada de todo escolar que pinta el paisaje perfecto.

De repente, recuerdo que la naturaleza es sabia y no soy quien, para inquietarla con mis dudas, pero la situación de esas familias me dejó muy intrigada y ansiosa por contar la historia, sobretodo, las alternativas existentes que no incomodarán a la Pachamama. “¡No la provoques pensando que puedes hacer lo que te da la gana en ella!”, gritó mi acompañante cuando lancé la posibilidad de que los ‘políticos’ podrían optar por lo más fácil y rápido (como la infraestructura gris).

La historia surge a raíz del proceso de deglaciación en la Cordillera Blanca, que se ha incrementado notablemente en las últimas décadas, con un promedio de retroceso glaciar de 19 metros por año, según el libro Retroceso glaciar en la Cordillera Blanca 1948 – 2018, publicado por la Autoridad Nacional del Agua el 2019.

Esto significa una notoria disminución del agua en las subcuencas. Entonces, muchas familias están sintiendo la reducción de la cantidad de este recurso para sus actividades agropecuarias y consumo humano, lo que genera conflictos entre grupos de pobladores. No en vano, Áncash es una de las regiones con la mayor cantidad de conflictos socioambientales en el país, según informa el Reporte Mensual N° 200 de la Defensoría del Pueblo de noviembre 2020, siendo el tema pilar, el agua.

En esta ocasión, quiero referirme a la otra cara de la moneda. La calidad del agua que nace en lo alto de la montaña. ¡Pero si los glaciares son reservas de agua dulce! No digo lo contrario y es la pura verdad; sin embargo, la vivencia popular y la evidencia científica han demostrado la acidificación de este recurso vital proveniente de las alturas debido a la liberación de las rocas durante el deshielo.

Los minerales que drenan de las rocas se suman al recorrido del agua dulce y bajan como una dupla ‘agua-ácido’, llegando juntos a los ríos y manantiales, fuente de vida para otros ecosistemas y la misma población. Esa es la explicación sencilla y clara que me brinda el investigador, Dr. Julio Palomino Cadenas en una videoconferencia.

Este suceso natural está ocurriendo en varias quebradas y ríos del ámbito de la Cordillera Blanca. La situación en el río Negro, ubicado en el distrito de Olleros en Huaraz, no es diferente. Las familias de la localidad que nos recibieron para contarnos su experiencia, narran esta realidad con la que han aprendido (o quizás, resignado) a sobre-vivir.

En lo alto de esta quebrada se ubica el glaciar Uruashraju que entre 1948 y 2019 ha retrocedido más de 900 metros. Se encuentra en proceso de extinción luego de brindar sus aguas dulces; posiblemente, desconozca que en la ruta las rocas mineralizadas cumplen otra función natural diferente a la suya, por cierto, nada satisfactoria para el ser humano, animales y otros ecosistemas.

Mientras observamos la quebrada, los pobladores nos cuentan que al inicio no entendían qué pasaba con la coloración del agua que se mostraba roja, anaranjada o amarilla, pintando las piedras y alejando las truchas que un día eran parte de la alimentación del pueblo.

Ahora, solo son parte de una historia que aún se cuenta. “Un día, en ese río existieron truchas. Después de la década del 70 y 80, empezaron a desaparecer porque el río estaba sucio. Los animales tampoco podían beber, nosotros menos”, grita una testigo que ha visto cambiar el paisaje del agua y hoy nos acompaña con la esperanza de que su voz sea escuchada.

Otro poblador, con cuaderno y lapicero en mano me muestra las cifras de acidificación del agua registradas por ellos mismos, observándose un estimado frecuente de 3.38 de PH, definitivamente, no apto para el consumo humano ni de los animales. ¿Qué harías, si tuvieras esa única opción de agua para tu familia?

Las familias del pueblo –prácticamente- tienen esa única opción el agua ácida para su consumo, exigieron por mucho tiempo atención a este problema que tiene relación directa con la vida misma, pero todos los oídos los ignoraron. Sin embargo, toda perseverancia tiene frutos. Años atrás surgió una experiencia que permite purificar el agua ácida sin afectar la naturaleza. ¡Se los dije, la naturaleza es sabia, solo hay que conocerla profundamente!

Conseguir que el agua cambie a 5.7 de PH a través de la ‘biorremediación’ como una práctica amigable con la naturaleza, es un paso fundamental para la calidad de vida de muchas poblaciones asentadas al pie de quebradas con glaciares que muestran acidificación del agua.

Es una experiencia basada en el rescate de la especie vegetal ‘totorilla’ que cumple una importante función natural de purificación del agua. ¡Claro, igual que los bofedales! Sumado a ello, la capacidad de investigación y acción de pobladores locales con el acompañamiento técnico de especialistas, se obtuvieron interesantes resultados. Pero, no es tan sencillo como parece, el reto es mucho mayor.

Este tema es un escrito aparte que merece su propio titular y espacio. La historia sigue vigente y no se dejará de contar, tampoco dejen de indagar y esperar el capítulo siguiente de esta historia real. Continuará…

(Mariluz Romero)

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